lunes, 4 de noviembre de 2013

esperanza



Esperanza


Pensando en el significado de la esperanza recordaba una escena de la película Wal-E en donde el mundo se encuentra inmerso por una gran contaminación y en dónde la vida parece haberse extinto, sin embargo, entre toda esa podredumbre, debajo de algunos escombros se hallaba una pequeña plantita esperando a ser encontrada. Es curioso ver como una pequeña plantita se convierte en la esperanza para que la humanidad pueda volver a casa, al planeta en donde alguna vez habitó. Quien pensaría que lo que antes era hasta cierto punto insignificante (una pequeña planta) en un momento determinante se convierte en un signo salvador. Es aquí donde debemos notar que la esperanza se encuentra en las pequeñas cosas y en el significado que les demos, por ejemplo, ¿Qué valor puede tener una sonrisa o un simple ¡hola!? A cada momento hablamos de la esperanza. Pero a veces hablamos de ella como algo pasivo, decimos: ¡ojala las cosas cambien!, ¡esperemos que todo se mejore!, etcétera; e incluso nos hemos encontrado a personas que dicen que la esperanza ha muerto y que ya no hay nada más que hacer. En realidad no es que ya no haya esperanza o no haya nada más que hacer, más bien no nos hemos dado cuenta de que hay una pequeña plantita esperando ser encontrada, y que es si pensamos que las plantas ya no pueden nacer, o mejor dicho que la esperanza ya no existe; no podremos encontrar el valioso tesoro que realmente existe y por lo tanto no le podremos dar a nuestros ojos el valioso privilegio de decir: ¡Que bello es! y privaremos a nuestro corazón de decir: ¡Te he encontrado, oh mi felicidad!


El mundo está lleno de esperanzas, pequeñas cosas que esperan ser descubiertas, ¿Quién dice que el amor ha muerto? A caso no hemos visto la entrega desmedida de una madre hacia sus hijos o el corazón ferviente de quienes entregan su vida a los demás sin pedir nada a cambio (tal como lo hizo la madre Teresa de Calcuta o la hacen hoy infinidad de héroes desconocidos que dan la vida por sus semejantes), a caso nos hemos olvidado de la inmensidad de parejas que se mueven por al amor y les lleva a compartir sus vidas en una diversidad de ocasiones o la mirada tierna y amorosa de un padre cuando ve por primera vez a su hijo o ha olvidado la mirada de un hijo hacia su padre diciéndole te amo. ¿Quién dice que la fe no existe? A caso no hemos notado la infinidad de orantes que ruegan incesantemente a Dios no solo por sí mismos sino por los que tienen a su lado o dando gracias por tantos bienes que Dios nos da cada día o no hemos palpado a la religiosa que ha entregado su vida y se pasa horas que le pintan a minutos delante del sagrario. ¿Quién dice que hoy ya no ha verdad? A caso no es una realidad que esta mañana nos hemos levantado y nos hemos visto en un espejo y hemos notado que seguimos allí con la capacidad de pensar y de movernos para hacer que las cosas de todos los días sean nuevas y novedosas. ¿Quién dice que la paz ya no es posible? Será a caso que los niños han dejado de brindar esas sonrisas tan peculiares y significativas que nos hacen recordar que vale la pena procurar la inocencia en el corazón, a caso ya no hay alguien a quién amar y por quién valga la pena procurar el amor más que la guerra y la violencia. ¿Quién dice que la maldad ha corrompido al hombre? A caso no ha visto la mirada cristalina y profunda de un niño o el deseo ferviente del ser humano por querer hacer enteramente feliz a su amada o amado. ¿Quién dice que la esperanza no existe? A caso se ha cansado de ver las cosas pequeñas que rodean su vida y que le dan sabor, cosas pequeñas a las cuales nos hemos acostumbrado y que por ello les hemos dejado de dar el valor que merecen.




No perdamos la capacidad de maravillarnos, porque de ser así perderemos la esperanza. No dejemos que los grandes problemas nos quiebren la cabeza, más bien hagamos que las pequeñas bellezas llenen nuestro corazón para hacer que los grandes problemas se conviertan en retos para mostrar nuestro amor. No perdamos la capacidad de decir te amo, porque entonces sí, habremos perdido la esperanza.


Por lo tanto, no pensemos que la esperanza es buscar o esperar aquello que no tenemos, más bien es ver lo que Dios nos ha dado, valorarlo y saber que todo ello es por amor y me llevará al amor mismo. No desvíes tus ojos solo en lo que no tienes, pon tus ojos en lo que posees que por haberlo hecho tú ya es un signo de esperanza, porque ¿para qué construir si ya no hay esperanza?




Lic. Norberto Zurita Mena

Escuela de la fe, sede Lomas

Acueducto Río Hondo 218, Lomas Virreyes

Tel. 52027813

norbertozurita@live.com.mx


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